Semilla

30 OCT 2020

Primero fue el deseo, nacido del contacto y el trabajo con la tierra. El deseo de conocer, aprender, transformar. Un impulso de creación. Como la vida.

Después comenzó a latir, a pulsar. Una idea-semilla, con todo lo que de potencial guardaba adentro suyo. Y fue sembrada, abonando con trabajo el sustrato en donde pudo germinar y hacerse brote, nutrida por el sol y el agua del esfuerzo.

Y fue creciendo poco a poco hasta ofrecer su primer fruto.



Hace falta empeño, dicen, para levantar una idea, sostenerla y llevarla a su realización. Empeño sí, y también certeza y confianza. En nuestra historia particular, es confianza en las virtudes de las plantas, certeza en que son el camino de regreso. A nuestra piel, y a nuestra relación con la tierra.



Esta marca nació en ese suelo especial: observar, interactuar, transformar.
Y al transformarlas, para crear productos cargados de bondades e intención, nos han ido transformando a nosotras también. En una evolución natural.

Nuestro trabajo se teje en redes, y depende totalmente de procesos que inician siempre en el sustrato que sostiene la vida: la tierra, y la gente que trabaja con la tierra. Después se abren otras rutas de transformación y entran en juego otras dinámicas, pero todo y todos estamos interconectados en esa red de redes, con sus luces y sus sombras.

El 2020 nos trajo, como a casi todo el mundo, desafíos muy profundos. Nuestras redes de suministro se fragmentaron, y los espacios en donde ofrecíamos nuestros productos se cerraron. Tomamos el lockdown como un espacio de revisión y nos sostuvimos de la fuerza de una palabra: resiliencia.

Y por un tiempo vimos lo que parecía una potencial amenaza: todo el esfuerzo tejido podía simplemente perderse. Pero de las pérdidas nacieron nuevas posibilidades.
Nos sostuvo el impulso vital de sobrevivir y la respuesta natural de reinventarnos. Nos volvimos hacia adentro, como en un capullo, tomando la energía de aquel primer deseo, de aquella idea-semilla, y nos abrimos después, con mayor fuerza, confiando en que a nuestro llamado responderían aliados que compartían nuestras certezas.

It takes a village to raise a child.

Durante el tiempo en que hemos venido existiendo, como marca, como proyecto, como visión, hemos logrado extender el alcance de nuestro trabajo, llevándolo poco a poco más lejos en investigación y desarrollo, actualizando y mejorando nuestras fórmulas para ofrecerte las bondades de la tierra en su más alto desempeño.
Creamos áreas de trabajo en el campo, un laboratorio de extracción botánica, y proyectos de transformación que amplían el área de nuestra acción.

Fue natural la necesidad de hacer equipo. Un equipo humano que incluye el apoyo de agrónomos, especialistas en procesos industriales y del campo, gente buena administrando, con visión de empresa, y siete mujeres brillantes que saben de belleza, de finanzas, de emprendimiento, de comunicación y de networking, con una visión compartida de la piel y de la tierra.

La crisis del 2020 nos impulsó a crecer, porque decidimos fieramente que hacia atrás no iríamos. Que nuestra apuesta era por la vida de aquella primera semilla que hoy se transformó en un árbol joven.
A punto de dar el siguiente fruto:

Bienvenida a EDENA.
Porque la tierra es un jardín… en clave femenina.

Ver vídeo: Es tiempo de escuchar a tu piel.

Escrito por Edena Skin

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