Las líneas de expresión desde un punto de vista holístico

19 JAN 2021

A menos que estés en tu adolescencia, sin duda estarás al tanto del inevitable mapa que las líneas de expresión van dibujando sobre tu piel, y seguramente estarás dando pasos activos para luchar contra ese proceso. Pero ¿qué sabemos realmente sobre cómo envejece la piel?

La forma de envejecimiento que es completamente inevitable es la que nos trae el paso del tiempo, y se conoce como envejecimiento intrínseco o cronológico. Al ir madurando, ocurren una serie de cambios en nuestra piel: la epidermis comienza a hacer más lento su proceso de recambio, y se demora aún más que los 28- 30 días que normalmente le toma reemplazar su “escudo” de corneocitos (las mal llamadas células muertas). Y la capa más profunda, que conecta a la dermis con la epidermis comienza a disminuir en grosor, adelgazando la piel.
Sin embargo, los cambios más importantes ocurren en la dermis más profunda. Nuestras células especializadas en construcción y mantenimiento, los fibroblastos, empiezan a pensar en un plan de jubilación y disminuyen su producción de:
a) Colágeno (una proteína fundamental, la que da a la piel su fuerza y volumen).
b) Elastina (la proteína que permite a la piel regresar a su lugar cuando la estiras).
c) Ácido hialurónico (los glicosaminoglicanos que atraen el agua y lubrican los tejidos).
Una estadística bien conocida es aquella que nos dice que a partir de nuestros años veintes, empezamos a perder algo así como el 1% de nuestro colágeno cutáneo cada año, y se acelera a partir de los 40s. Lo mismo que en un campo muy trabajado, empezando a verse árido, las glándulas sebáceas y las sudoríparas comienzan también a secarse. Y más tarde en la vida, las paredes de los pequeños vasos capilares en nuestra piel también se adelgazan, y aparecen con facilidad arañitas, moretones y marcas.
La pérdida gradual de tejido graso bajo la piel provoca un colapso en su forma, y hunde algunos rasgos faciales. En general, con el tiempo, la piel pierde su grosor, su elasticidad y su hidratación. Los marcadores de envejecimiento intrínseco o cronológico varían entre sexos, razas, e incluso familias.
Nuestra piel tiene varios receptores de estrógenos que promueven la producción de colágeno y ácido hialurónico, de manera que la caída de los niveles de producción hormonal durante la menopausia pisa el acelerador del envejecimiento de la piel en las mujeres.
Y respecto al color de la piel, hay verdad detrás del dicho que dice “black don´t crack”. Las pieles oscuras tienen niveles más altos de lípidos y melanina protectora, de manera que mientras más oscura la piel, el envejecimiento es mejor, mientras que la piel caucásica lleva las de perder.
La complejidad de nuestra composición genética también influye en la forma que nuestra piel envejece, en un proceso que aún no se conoce del todo. El envejecimiento cronológico incluso varía en la piel de una misma persona. Las áreas más delgadas, como la zona de los párpados, son las que comienzan a envejecer primero.
Antes de empezar a planear cómo atender las grietas y pliegues que se van formando en nuestro rostro con el tiempo, es útil echar una mirada a la nomenclatura de las arrugas.
Las arrugas profundas (los surcos, por ejemplo en el entrecejo (también llamado “el once”, o las “patitas de gallo”) normalmente empiezan como líneas de expresión dinámicas, que terminan siendo estáticas o permanentes. Se quedan profundamente grabadas gracias a la repetición de nuestra colección de gestos a lo largo de la vida.
Por otra parte, otro tipo de líneas finas aparecen por engrosamientos irregulares en distintas áreas de la piel, que se combinan con pérdida de agua. Estas están asociadas a los que llamamos factores extrínsecos o externos. Todos nuestros órganos sufren un proceso inevitable de envejecimiento intrínseco, pero nuestra piel lo sufre el doble: está delicadamente ajustada a todo el exterior, envolviendo nuestro cuerpo, y por ello está irremediablemente expuesta al medioambiente. De manera que, si queremos prevenir que nuestra capa externa se arrugue en exceso, tenemos que estar conscientes de los aceleradores extrínsecos (externos) del envejecimiento cutáneo.
Los rayos UVB son los principales causantes de quemaduras por el sol, y eventualmente, del cáncer de piel, pero cuando se trata de envejecimiento cutáneo tenemos que voltear a ver a sus socios más discretos: los rayos UVA.
Estos son más débiles, pero pueden penetrar más a fondo, afectando todas las estructuras internas de soporte en la matriz extracelular de la dermis. Los rayos UVA afectan a la dermis causando rutas inflamatorias que finalmente provocarán la liberación de unas enzimas llamadas metaloproteinasas. Estas enzimas no sólo rompen los puentes de colágeno, también hacen aún más lento el trabajo de los fibroblastos.
Los rayos UVA también dilatan y rompen los vasos capilares, promoviendo con el tiempo más “arañitas” que aparecen usualmente en mejillas y nariz.
Uno de los daños más importantes de los rayos UVA es la destrucción de los receptores retinoicos, que participan en la síntesis de vitamina A, contribuyendo a su deficiencia en la piel.
La obsesión occidental de buscar alimentos low-fat, pero al mismo tiempo consumir altas cantidades de carbohidratos refinados es radicalmente opuesta a las necesidades de la piel. Necesitamos una dieta equilibrada, que incluya proteínas de apoyo para nuestra piel y cabello. Las frutas y vegetales, especialmente lo más coloridos, han demostrado ser excelentes para la salud de nuestro órgano más grande y extenso, ya sea directamente para combatir el estrés oxidativo, pero también porque actúan mejorando la respuesta de nuestro sistema inmune.
Cuando se trata de reducir los efectos del envejecimiento, la mejor manera de comenzar es atender los factores extrínsecos: exposición al sol, tabaquismo, dieta, sueño, y la calidad y tipo de productos que aplicamos constantemente sobre nuestra piel.
¿Deberíamos tratar de eliminar nuestras arrugas, o deberíamos empezar a tener una discusión acerca de cómo percibimos socialmente el envejecimiento? En un mundo que pretende que el declive y la muerte no existen, nuestra piel nos desafía a enfrentarnos a la idea de nuestra propia mortalidad.
Existen muchos artículos en revistas de moda y belleza que sugieren reducir y controlar nuestras expresiones faciales: júbilo, frustración, enojo, preocupación, pero ¿vale la pena suprimir nuestras emociones, y la forma sutil e intrincada que tiene nuestra piel para comunicarse con los otros, solo para detener la llegada de las arrugas? Esto apunta a una pregunta fundamental cuando se trata de nuestra piel: ¿cuál es el punto de conservar la juventud y lozanía de tu ser visible si no estás viviendo realmente lo que estás viviendo?
Es comprensible tratar de conservar la juventud y la belleza, pero si para ello tienes que intentar activamente no expresar las emociones humanas propias de vivir, probablemente estás cruzando una “línea fina” que no te llevará a vivirte en plenitud dentro de tu propia piel.
Lyman, Monty. The Remarkable Life of the Skin.
¿Cuántas veces no te has mirado al espejo y has pensado en todos los procedimientos que te podrías hacer? No se trata de eso. Las líneas de expresión cuentan tu historia, son parte de tu vida y son todos estos años de experiencias y vivencias.
¡Cuídalas y quiérelas! Solo así podrás aceptarte como eres… una mujer bella y completa, con los efectos (y no los defectos) naturales de tu maravillosa piel.

Escrito por Maya Murphy

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